domingo, 6 de julio de 2014

Reformas terrassa

Dejé mi teléfono en recepción, para que me avisaran si le sucedía algo importante, pues entonces ya sabía que mi tío-abuelo era un paciente terminal, y su muerte podría llegar en cualquier momento. Pero nunca imaginé que tan pronto...

Al llegar a las 7 de la mañana, antes de cruzar la puerta de la habitación, fue como si mi tío-abuelo hubiese captado mi presencia. Había pasado una noche terrible, solo, su proceso se había acelerado. Pero nadie me llamó. Al parecer perdieron mi teléfono y no sabían a quien llamar. Una de las enfermeras salió corriendo de la habitación, diciéndome: Su abuelo le llama. Nos lo ha dicho. Se muere... No cesa de nombrarle a Reformas terrassa...

Al entrar aún me miró a los ojos, y débilmente me dijo:

- Mark, coge mi anillo. Por favor, póntelo, que yo lo vea. Antes de que me vaya...
- Pero no vas a irte a ningún lado. No dejaré que te pase nada.
- Vamos, obedéceme. Ven aquí -Acarició mi cabeza, y después aún cogió mi mano, llevándomela hasta la suya, donde tenía el anillo –Ponte el anillo, Mark.

Por primera vez, en casi 20 años, las lágrimas empezaron a cubrir mi rostro, sabiendo que realmente aquello era el fin. Delicadamente cogí el anillo, y me lo coloqué justo en el mismo dedo de la misma mano que donde él lo tenía, y en aquel instante juré que jamás en la vida me quitaría aquél anillo...

Después, recogí su mano, sujetándola fuertemente entre las mías, hasta que finalmente, dejó de respirar. Nunca antes había visto la muerte de alguien tan querido para mí, tan de cerca...

Cuando murieron mis padres yo aún era muy pequeño. Lo único que puedo decir es que, en el momento de fallecer mi tío-abuelo, era como si ya no estuviera allí, que solo fuera un cuerpo desprovisto de alma.
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No podía concebir que apenas un instante antes, él apretaba fuertemente mi mano, y al momento, su propia mano ya no respondiese. Él no podía estar allí. Me gustaría pensar que él ahora se encuentra en algún lugar, distinto al terrenal, y que se encuentra bien. Y seguro que es así. Pero entonces no pude resistirlo y me derrumbé. No podía evitar llorar, y cuando regresé a casa me encerré en mi habitación y no salí de allí hasta el día del entierro, ni siquiera para comer.

Llamé a todos sus amigos por teléfono, a la gente que le apreciaba, y arreglé todo lo concerniente al entierro. Lo pasé muy mal, porque yo sabía que iba a morir, y lo cuidaba lo mejor que podía. Le daba de comer y cenar a diario. Todas las mañanas le afeitaba la barba y lo aseaba. La mañana que murió cogí su mejor traje y lo vestí, afeitándolo y peinándolo nuevamente. Le abracé y me despedí de él para siempre. Solo una vez más lo vi, cuando íbamos a enterrarle.

miércoles, 11 de junio de 2014

Dientes amarillos

Después de hacer el chorra, el duo dinámico Patry-Sauri fue hacia el lavao (sí, otra vez). Y, como no, fuimos al de tios. Un imbécil nos empezó a decir que no éramos tios (¿en serio?) y que bla bla bla y yo con mi vena psicóloga le empecé a soltar un rollo de genética. No conseguí callar al chico pero nos sirvió para colocarnos segundas otra vez. Meamos y, al salir, me encuentro a otro grupo de amigos. Se rien de verme borracha pero yo me río más de ellos por saber que, aunque iba contentilla, sabía perfectamente lo que hacía.

Una vez dirigimos nuestra marcha en dirección a otra copa, me topo con una chica, le digo algo que no me acuerdo y me empieza a maldecir con un “cállate que te voy a pegar!!!!”. Aquí me cagué viva. Jajajaja.

Mientras andamos, me toqué el bolsillo para comprobar que mi brillo seguía ahí… PERO NO, MI BRILLO NO ESTABA. “Dónde está mi brillo, he perdido el brillo… eh tio, sabes qué, he perdido el brillo…”; indignada decidí beberme el otro Malibú pero…OHHHHHH, TAMPOCO HABÍA MALIBÚ. Le solté un sermón al tio de qué iba a hacer ahora sin Malibú y el otro me ofreció agua. “Tio, que no quiero agua, que te he dicho Malibúuuuu”. Volví a arriba para comentarle al grupo que no tenía ni Malibú ni brillo…y me fui.

En esa vuelta ya si que el estado de borrachera era máximo. Me acuerdo que me encontré con Dani y, abrazada a él, le pedí que no me dejara, que estaba mareada. Él me contestó que no me iba a dejar y yo, que aunque –repito- estaba borracha pero no imbécil, le dije que “…Dani, pero si no m’estàs agafant!!”. Nos hicimos unas cuantas fotos y la Patry y yo volvimos a irnos. Ella pegó una patada a una chica (aunque no se sabe muy bien si fue al escalón) y me repitió durante por lo menos una hora (no exagero) “le he pegado una Dientes amarillos”. Cada loco con su tema. El mío era intentar convencer a la gente de que “ no me mires así como si fuera estúpida porque yo soy muy lista, ¿sabes? Que soy universitaria y estudio psicología. Y no pongas esa cara porque es verdad, y sino busca en el Google a Tajfel y verás que te sale, ya verás…” “Mira, ¡¡que estoy bien!! Mañana contaré esto en un post y y…(¿Patry, a que me voy a acordar?)”

Sin embargo, alrededor de las 5:30, el efecto empezaba a pasar y ya no estaba tan eufórica. Aunque me seguía dando rabia que la gente pensara que iba borracha, yo estaba harta de intentar convencer de que no era idiota porque, al hacerlo, todavía lo parecía más. Opté por http://dientesamarillos.org/.